Ana

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Ana es parte de la gran familia de AFANIP. La conocimos, junto a su familia, en las jornadas anuales que organiza esta asociación. Desde el primer momento se mostraron interesados en participar en este proyecto fotográfico, y la verdad es que no puedo estar más agradecido.

Para esta sesión fui hasta su casa de Madrid, donde charlamos tomando un café, y pude conocer el día a día de Ana y su familia. Sus padres, trabajadores, muy amables y siempre al lado de sus tres vástagos. Ana tiene dos hermanos, y cada uno está en una fase diferente del desarrollo adolescente y juvenil. La que sí que se percibe es un profundo cariño los unos por los otros, a pesar de estar en el momento de desplegar las alas y querer descubrir el mundo por sí mismos. La unidad que tiene Ana con su madre, Chelo, es muy especial.

Ana es una chica con una mirada profunda, a simple vista tímida, pero con mucha fuerza en su interior. Como toda niña con esta edad (11 años), comienza su camino hacia la madurez, y el hecho de usar una prótesis no le supone un obstáculo insalvable. Además, se la pone y se la quita sin complejos, dependiendo del momento, del cansancio o de la tarea a realizar. Es algo frecuente con lo que me he encontrado con los chicos de AFANIP: consideran la prótesis como una herramienta opcional según sus necesidades, y no están condicionados a la parte estética ni al qué dirán si se la quitan. Es de una inocencia adorable. Ojalá conservásemos esta pureza de mentalidad en todas las etapas de nuestra vida.

Sin más, os dejo con el reportaje fotográfico de esta pequeña gran campeona. Espero que sirva de ejemplo para los chicos de estas edades tan complejas, donde tantos cambios sufrimos, y sus familias. A la de Ana le doy mil gracias por abrirme sus puertas, su naturalidad que hace que todo sea tan fácil, y su enorme generosidad y amabilidad. ¡Un beso muy grande Ana!

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